Mariela Córdoba: pasión por las pistas

Entrar a la casa de Mariela Córdoba es como hacerlo a un salón de venta de motos. En el amplio living, a ambos lados de un gran sillón enfrentado a una
pantalla gigante de TV descansan sobre sus caballetes especiales una Kawasaki ZX 6 modelo 2012 y una Ducati 1198 del 2011.

Afuera, en la galería, frente a la pileta, hay otras dos más chicas que no tienen el privilegio de dormir adentro, una Suzuki GN 125 y una Yamaha R15.

Mariela y su marido, Leandro, son los felices propietarios de esta colección. “Las motos de competición duermen adentro porque las cuidamos mucho. Además nos gustan como elemento de decoración”, explica ella.

Nacida en Lanús, su padre la inició en el mundo de “los fierros” cuando los domingos almorzaban mirando Fórmula Uno o el TC. A los 14 ya había aprendido a manejar de la mano de su papá con un Peugeot 404. Cuando cumplió 18 se fue a vivir a España y allá un amigo le enseñó a manejar motos con una Honda XR 600.

Cuando años después regresó a la Argentina, un día salía de su casa con una Honda Twister y ladrones la asaltaron y le robaron la moto. Padres de Ainhoa y Chiara, hoy de 19 y 13, en 2014 decidieron mudarse a un barrio cerrado en Cardales.

A ella siempre le gustó el manejo deportivo. De hecho despuntaba el vicio con la R15, una especie de R6 pero en chiquito. La Suzuki la usa para los mandados.

Al poco tiempo él le regaló una Ducati Monster 796. “Esa moto me encantó, la tuve de cero kilómetro y la vendí con 22.000. Con mis amigas nos íbamos a Lobos, Arrecifes, Uribelarrea, un montón de lugares”, recuerda Mariela.

Al poco tiempo, mujer y marido empezaron a ir a track days en distintos autódromos. “La verdad que nos gustó mucho. Nos permitía probar la velocidad y nuestra capacidad y habilidad en un lugar seguro. Y encontramos un grupo de personas muy copadas”, cuenta Mariela.

El problema apareció con la Monster, no era la moto adecuada para usarla en circuitos. Entonces la cambió por la Kawa ZX 6.

Fue tal la pasión que Mariela le puso que Leandro se compró la Ducati 1198 para acompañarla.

Durante un track day en Olavarría, ambos se dieron cuenta que lo que querían hacer era girar en un circuito. Así renunciaron a salir a la calle y sólo van a pistas.

En un autódromo estas mucho más seguro y le podés sacar todo el jugo a la moto. Lo que más me gusta es acelerar pero también hay que aprender la
técnica para descubrir el radio de giro de una curva y doblar bien para lograr buenos tiempos. Lo que más me cuesta es apoyar la rodilla en el asfalto”, explica. Y remata: “con mi marido somos un equipo en la vida y en la pista pero ahí él me quiere ganar y yo también”.

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